Islandia : una comunidad contra la oligarquía globalizadora

Es excepcional entre los islandeses la proporción de poetas, músicos y artistas; contrariamente a lo que sucede en las sociedades multiétnicas, casi no existen ni el paro ni la criminalidad violenta.

Islandia, esta isla situada entre Europa y América, casi nunca es citada por los medios del Sistema. Algunos escandinavistas atribuyen esta omertà periodística a la decisión islandesa, adoptada en referéndum, de no reembolsar las deudas bancarias, a las que el pueblo islandés antepuso casi por unanimidad el bienestar de la nación.

Los analistas del caso islandés se limitan a este acontecimiento, apartándose seguidamente de esta tierra, y no sin razón. Porque si quisieran escrutar honestamente a Islandia desde el punto de vista de un filósofo, de un historiador, de un demógrafo o d un geopolítico, los gobernantes de nuestro mundo se verían obligados… ¡a echar una bomba atómica sobre esta isla! En efecto, toda su existencia es “criminal” a ojos de nuestras religiones contemporáneas que preconizan el mestizaje forzoso de los pueblos blancos.

Islandia es habitada por unas 350.000 personas, casi el 99% de las cuales se consideran “parientes”. Islandia prohíbe la inmigración de fuera de Escandinavia, lo cual significa una medida puramente racialista respecto a los extranjeros que acoge: tienen que ser del mismo origen, cultura y lengua que los autóctonos —lo cual no les impidió a los islandeses conceder excepcionalmente el asilo político y la ciudadanía a un profeta askenazi privado de su pasaporte estadounidense, Boby Fischer. La inmunda Convención de Ginebra de 1951 sobre los refugiados —convención totalmente inadaptada la humanidad de después de la Guerra Fría— no rige, de facto, en tierras islandesas: hay algunos “refugiados” que se encuentran temporalmente ahí, pero son expulsados los más rápidamente posible.

La Iglesia luterana de Islandia no está separada del Estado. Es más: se acepta oficialmente el arraigo espiritual y étnico, como lo muestra la autorización, otorgada hace cuarenta y tres años a los sacerdotes del panteón nórdico, de celebrar ritos de paso iniciático: nacimiento, matrimonio y fallecimiento.

Islandia es, pues, actualmente el perfecto ejemplo de cómo puede prosperar un pueblo nórdico que rechaza el mestizaje: es excepcional entre los islandeses la proporción de poetas, músicos y artistas; contrariamente a lo que sucede en las sociedades multiétnicas, casi no existen ni el paro ni la criminalidad violenta; son casi inauditas en el mundo occidental la belleza física y la resistencia psíquica de los islandeses.

Es precisamente gracias a esta solidez espiritual y a este comportamiento de un pueblo que se considera como una gran familia por lo que los islandeses han sabido resistir al terror financiero de oligarcas alógenos, prefiriendo una disminución significativa del salario medio y rechazando totalmente lo que los tiranos locos de la globalización llaman el “crecimiento”.

Anatoly Livry

Publié le 03/09/2016 par Laurent Hocq